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Silvia Rodríguez Bautista

Nº Colegiada: 18820

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Los conflictos emocionales y el estrés pueden causar problemas de fertilidad y perjudicar al feto

publicado a la‎(s)‎ 5 abr. 2016 3:46 por Silvia Rodrigez   [ actualizado el 5 abr. 2016 3:50 ]

  Son muchas las personas con las que tratamos cada día que acuden a consulta buscando ayuda para poder tratar su cuerpo y poder afrontar la infertilidad pero observamos que muchas no atienden a los problemas emocionales que se están desencadenando. Estos pacientes, normalizan o minimizan el impacto o la importancia de los mismos. A menudo, cuando les aconsejamos que atiendan o acudan a tratamiento para estudiar el estado emocional, estas personas les restan importancia o lo justifican asumiendo “que a la mayoría también les sucede”, “que es algo normal”, “no se puede controlar” o que “siempre han sido así y que no se puede cambiar”.

  Sin embargo, la realidad es otra. Se puede atravesar esta situación equilibrando esta carga emocional y se puede experimentar desde la aceptación y la calma y nos conviene entender que esto también es posible, pero hay que trabajar para conseguirlo. Si justificamos el sufrimiento nunca podremos erradicarlo.

“El dolor es natural pero el sufrimiento es opcional”.

  Son muchos los estudios que han intentado explicar la influencia de la psicología y el papel que juegan las emociones en la infertilidad y han sustentado una relación causal entre conflictos psicológicos tempranos o estrés y la presencia de infertilidad en la vida adulta. Dicha relación es un tema controvertido que se ha abordado de múltiples maneras.

  Desde finales de los ochenta hasta el presente se han publicado numerosos estudios centrados en el enfoque del estrés y manejo del mismo, a la condición de infertilidad. Se ha observado que siendo la infertilidad un evento, en general adverso y estresante, algunas personas pueden afrontar más adecuadamente los sentimientos que se producen mientras que para otras puede ser una experiencia devastadora y desencadena trastornos emocionales o aislamiento social.

  Estudios recientes de Domar y colaboradores demuestran el efecto positivo de intervenciones psicológicas grupales en el logro de embarazo en mujeres con infertilidad de entre 12 y 24 meses de duración y ausencia de depresión moderada o severa. La explicación tiene que ver con la capacidad de las personas para introducir cambios en sus estilos de afrontamiento del estrés que ha desencadenado la infertilidad como consecuencia del apoyo emocional y de nuevos aprendizajes. Se debe incorporar como parte del tratamiento de la infertilidad  programas de apoyo psicológico para las parejas que sufren esta condición.

  Un tratamiento integral de un problema reproductivo debe también cuidar la esfera de las creencias  y  las emociones.

  En algunos artículos, ya en los años 50 y 60, se afirmaba que el 40% de los problemas de infertilidad eran atribuibles a causas psicológicas. En la revista Fertility and Sterility aparecieron artículos que relacionaban la infertilidad femenina con conflictos tempranos de la relación madre-hija. Experimentar rechazo materno en etapas tempranas producía hostilidad asociada a la idea de maternidad y un rechazo inconsciente del embarazo.

 Otros estudios analizaban la infertilidad como un cuadro psicosomático. Benedeck hablaba de “infertilidad  funcional” siendo la dificultad para gestar un hijo una “defensa somática contra el estrés del embarazo y la maternidad”. Además, la ambivalencia ante la maternidad (coexistencia de deseos positivos y temor o culpa) es una experiencia generalizada en la mujer occidental, generando conflicto,  de manera que  los sentimientos negativos primarían sobre los positivos y éste es difícilmente tolerado  a nivel consciente por el sujeto, por tanto, se reprime como una defensa psicológica. Se desarrollan respuestas indirectas tales como la infertilidad, que se acompaña de un deseo frenético y ansioso de concebir. De estos estudios deriva el concepto de “infertilidad psicógena”, que se refiere al rol causal de la psicopatología en la infertilidad.

  La ovulación y la menstruación son reguladas por la secreción hormonal, es lógico que se vean afectadas por nuestros estados emocionales. En situación de tensión extrema muchas mujeres no ovulan y dejan de menstruar, este problema se denomina “amenorrea hipotalámica”. La doctora Sara L. Berga en el Magee Women´s Hospital de Pittsburgh, llegó a la conclusión de que la tensión emocional es uno de los principales factores que generan una reducción de la secreción hipotalámica de la hormona liberadora de gonadotrofina, reduciendo la secreción pituitaria de HL y HFE, lo que conduce a una estimulación ovárica insuficiente como para concretar la menstruación. Es importante atender a los miedos o conflictos emocionales y establecer la relación entre esta situación y lo que esté ocurriendo en su vida.

  Según la Dra. Berga “El problema de amenorrea hipotalámica funcional es que las mujeres que la padecen no son conscientes de que viven de forma estresante. Suelen ser personas perfeccionistas en su trabajo y cuyo estilo de vida no incluye una nutrición adecuada”. A la larga afecta a la fertilidad de las mujeres, pero también incide en la pérdida de masa ósea y en las funciones cerebrales. Al ser sometidas a técnicas de fertilización los resultados pueden ser contraproducentes e incluso podría verse afectado el feto. Con terapia conductiva y control de la alimentación estas mujeres pueden recuperar el ciclo menstrual regular.

  Asimismo, es importante tener en cuenta que el estado emocional de la madre antes, durante y después del embarazo puede afectar al hijo. “Nuestras emociones pueden atravesar la barrera protectora de la placenta para acariciar también a nuestro hijo”. No se suele tener en cuenta que el mundo emocional de la madre afecta al desarrollo del feto.

  La doctora Vivette Glover, especialista en Psicobiología Perinatal del Imperial College London, descubrió en un estudio con 14.000 mujeres embarazadas, que las madres que sufrían un nivel alto de estrés tenían el doble de riesgo de que sus hijos fueran diagnosticados como hiperactivos. Al estar estresadas los  niveles elevados de la hormona CRH atraviesan la placenta y afectan al feto poniéndolo en estado de “alerta”.


CONSEJOS TERAPÉUTICOS:

- Evaluar y desbloquear los conflictos emocionales asociados a la maternidad o traumas de la infancia.

- Ampliar/modificar las creencias o ideas asociadas al concepto de maternidad o paternidad.

-  Identificar, expresar y gestionar las emociones asociadas a cada fase del proceso de tratamiento.

-  Identificar y modificar los pensamientos negativos en relación a la situación.

-  Aumentar la sensación de control sobre las emociones.

Referencias:

-  Domínguez V. Rosario. Revista Médica de la Clínica Las Condes. Psicología e Infertilidad. 2012: Vol. 13 Nº 1.

-   Ruberstein BB: Emotional factors in Infertility: A psychosomatic approach Fertil Steril. 1951; 2: 80-6.

-  Marsch EM. Possible Psychogenic aspects of infertility Fertil Steril. 1951; 2: 70-9.

- Benedeck T. Infertility as a psychosomatic defense. Fertil Steril. 1952: 527-41.

-  Christie Gl. Some sociocultural and psychological aspect of infertility Hum Reprod 1998; 13(1): 232-41.

-  Domar A, Clapp D, Slawsby EA, Dusek J. Kessel B & Freizinger M. Impact of group psychological interventions on pregnancy rates in infertile women. Fertil Steril 2000; 73:805-11.

-  Niravi B. Payne y Brenda Lane Richardson. Mente Sana, embarazo seguro. 1998

Silvia Rodríguez Bautista

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Apoyo psicológico en Reproducción Asistida

publicado a la‎(s)‎ 6 oct. 2015 7:23 por Silvia Rodrigez   [ actualizado el 6 oct. 2015 7:25 ]


     Existen muchos factores que afectan a millones de personas e influyen en la fertilidad y  en los tratamientos de Reproducción Asistida. PROBLEMAS FÍSICOS Y PSICOGICOS.

        Cuando no podemos conseguir ser madres o padres de forma espontánea nos enfrentamos a una situación que genera malestar ya que se reduce o no existe la posibilidad  de conseguir nuestro objetivo de formar una familia por medios naturales y esta experiencia nos afecta a nivel psicológico. Iniciamos una andadura estresante (visitas a especialistas, numerosas pruebas diagnósticas, recabar segundas opiniones médicas) que, desde el punto de vista psicológico y emocional, requiere ayuda psicológica especializada.  

 

      Según   estudios  realizados por la Sociedad  Española  de Fertilidad (SEF),  aproximadamente  entre el 25% - 65% de los pacientes que siguen un tratamiento de Reproducción Asistida pasan en algún momento por síntomas psicológicos significativos, y aunque la ansiedad es el más frecuente, también aparecen la culpa, la ira, la desesperanza, la baja autoestima o la depresión.


§  Entre un 40-60% de las parejas abandonan el tratamiento debido a la sobrecarga emocional y al estrés que supone el mismo proceso o la acumulación de intentos fallidos.  

§  El 62,4% de las parejas abandonan el tratamiento después del tercer ciclo (aún teniendo estadísticamente probabilidad de éxito) y alegan las siguientes razones: sentimiento de frustración, impotencia, sienten que ya lo han hecho todo, percepción de incapacidad para afrontar todo el ciclo después de fallos anteriores, angustia, etc.  


    Cada día son más concluyentes  las  evidencias científicas  que ponen de manifiesto la estrecha relación entre estrés e infertilidad. Es importante que los pacientes vean los tratamientos de Reproducción de una forma amigable. La estabilidad emocional y la necesidad  de aligerar esta carga  psicológica  deben ser uno de nuestros principales objetivos.


 

Desde el momento en que somos conscientes de que necesitamos ayuda para poder tener un hijo y recurrimos a tratamientos de Reproducción Asistida es recomendable reconocer y aceptar que, durante el tratamiento, pasaremos por distintas fases: periodos de ilusión, esperanza, miedo y ansiedad. Todo ello puede provocar un estrés añadido que disminuye la probabilidad de conseguir el embarazo.   

   No tenemos que recurrir al apoyo psicológico sólo cuando existe una patología mental grave. Es importante entender que es un acompañamiento durante el proceso, que nos permite afrontar la situación conociendo, en todo momento,  el proceso emocional que se está poniendo en juego y nos aporta las herramientas necesarias para gestionar dichas emociones, de tal modo, que tengan el mínimo impacto negativo sobre el tratamiento de Reproducción Asistida e incluso que favorezcan el proceso con una influencia positiva.  

Los datos científicos demuestran que el apoyo psicológico puede beneficiar a las parejas que se someten a un tratamiento de Reproducción. El 37,5% de las parejas que no reciben este tipo de apoyo abandonan el tratamiento frente a un 5,7% de abandonos entre las parejas asistidas por un especialista.  


Silvia Rodríguez Bautista

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La influencia del vínculo con los padres

publicado a la‎(s)‎ 14 ene. 2015 10:58 por Silvia Rodrigez   [ actualizado el 14 ene. 2015 11:09 ]

  El principal vínculo, el más significativo, es el que se establece entre la madre y el hijo/a. Con la madre fuimos uno mientras estuvimos en su vientre y luego seguimos íntimamente unidos a ella durante la infancia. El vínculo con la madre es fundamental para la supervivencia.

 Se consolida como un vínculo afectivo sano y seguro cuando existe un amor recíproco, de calidad, entre el recién nacido y su madre. “Amor de Calidad” implica que el niño se sienta admirado, atendido, amado, cuidado, nutrido, apreciado, percibe afecto y apego, amistad y aceptación. El niño sentirá seguridad si se satisfacen todas estas necesidades en el momento adecuado. El hijo/a que no reciba este cuidado sentirá falta de sintonía, incoherencia, falta de regularidad, inseguridad y miedo ante los progenitores y esto lo proyectará al resto de la sociedad en la edad adulta. Este vínculo sentará la base sobre la cual se desarrollarán los demás vínculos que establecerá el ser humano con las demás personas a lo largo de su vida.

 Nos percibimos, literalmente, a través de nuestra madre, como si fuera un espejo para nosotros. Como hijos absorbimos de nuestra madre información sobre lo que sentía hacía ella misma, lo que sentía hacia nosotros y lo que sentía hacia el mundo. Por esta razón, si pensamos en nuestro desarrollo personal, la relación con nuestra madre sirve también como patrón para la relación con nosotros mismos. Nuestro auto-concepto y nuestra autoestima dependen de esta relación, aprendemos  a tratarnos de la misma manera que nuestra madre se trató a sí misma y de la manera en que nos trató.

Es fundamental explorar y sanar  la relación con la madre, aunque también con el padre, pero la madre es la que nutre, la que se ocupa de las necesidades (básicas y emocionales) del niño/a, la que da sostén. Hay que analizar en la relación con la madre, si estuvo presente cuando se la necesitaba, si satisfizo las necesidades afectivas o si eran ignoradas, si veía a su hijo o a su hija por sí mismos o como una prolongación suya o más bien como una carga, si estuvo ausente o no se hizo cargo de su responsabilidad, si se comparaba o esperaba la protección del hijo, si admiraba o sobreprotegía, etc. Todo influye en la posterior personalidad del hijo.

A través del padre, entre otros aspectos, aprendemos a regular nuestras emociones, es el que protege y marca la diferencia entre el hijo/a y la madre, ayuda al desapego de ambos, algo necesario para el desarrollo del niño.

En muchas ocasiones, los padres tienen sus propias heridas, carencias de su infancia, sus condicionamientos y limitaciones, sus dificultades para amar incondicionalmente y sostener al niño, ya que ellos mismos no aprendieron a sostenerse y valorarse, etc.  En otras ocasiones, los padres actúan con los hijos haciendo todo lo contrario de lo que recibieron, lo cual también puede ser perjudicial. La madre, de forma inconsciente, puede trasladarnos sus miedos, su ansiedad, su perfeccionismo, su auto-exigencia, su necesidad de quedar bien, el abandono de sus propias necesidades por satisfacer la de otros, su victimismo, su tristeza, su actitud depresiva, su dolor no resuelto del pasado, lo que supuso para ella la falta de amor y comprensión de sus padres, tal vez la falta de madre o de padre. Tanto si somos hijos como si somos madres, necesitamos reconocer nuestras heridas, ocuparnos de ellas y sanarlas. 

Es por ello que existen niños rebeldes, que reclaman la atención que no reciben, niños obedientes, reprimidos, asustados, tímidos, algunos tratan de agradar a su madre, otros intentan ser perfectos, niegan sus necesidades, niños que se refugian en la mente y niños que viven en su mundo para evitar sentir. Las heridas del niño pueden ser por sobreprotección, por exceso de valoración y halago, por abandono, manipulación, comparación, miedo, rechazo, autoritarismo, exigencia, engaño, desconexión, abusos, negligencias, entre otros motivos.

Para la hija, su madre es el reflejo de su feminidad, es el modelo con el que se identificará. Sin embargo, el padre es un líder, necesita admirarlo y sentirse segura y amada por él. Si no lo ha sentido o el padre estuvo ausente buscarán rápidamente una pareja para reconocer esto en algún lugar, entrará de forma temprana en relaciones de parejas. Para los hijos, el padre influye en la creación de su identidad, en el “quién soy”,  en el aprendizaje de la regulación de sus emociones, su fuerza e identidad. Para el hijo y la hija la relación con el padre también condiciona la autoestima. Si el padre está ausente, la niña no se percibe querida y el niño no conformará de forma adecuada su identidad porque no se identifica con el rol masculino. Si la figura es sustituida por otros cuidadores las consecuencias serán menores.

De estas relaciones depende lo que llamamos “el niño interior” o el desarrollo de nuestro verdadero “YO”. Todos albergamos en nuestro interior un niño herido que no fue amado incondicionalmente, que necesitó protegerse del dolor por ser demasiado vulnerable. Congelamos muchos de nuestros sentimientos y nos construimos una coraza defensiva o máscara para no sentir que no éramos amados como precisábamos.  Para sanar esa herida es necesario tomar contacto con el niño interior, ver dónde y de qué manera fue herido, localizar ese dolor física y emocionalmente a fin de liberar la energía bloqueada. Es fundamental perdonar a nuestra madre o padre por lo que hizo o dejó de hacer, perdonar el daño que nos causó y entender la dificultad que para ella supuso ser madre desde sus carencias.

 

 

Las consecuencias de no sanar este vínculo son múltiples. Por ejemplo, en el caso de la mujer representa la referencia del modelo femenino, éste se puede reproducir (imitar) o rechazar (evitar) tanto en la forma de ser mujer, de vivir la feminidad, como a la hora de ser madre. Para el hombre, este vínculo representa el modelo de mujer por el que se va a sentir atraído o va a rechazar. Es decir, condicionará su elección de pareja y la relación que mantenga con ella. Por lo tanto, mientras no madure o sane esta herida, podría continuar reproduciendo el modelo de hijo con su mujer, de la que dependerá y esperará su cuidado, como si de su madre se tratara.

Las investigaciones indican que un vínculo seguro entre la madre e hijo durante la infancia influye en su capacidad para establecer relaciones sanas a lo largo de su vida, cuando los primeros vínculos son fuertes y seguros la persona es capaz de establecer un buen ajuste social, por el contrario la separación emocional con la madre, la ausencia de afecto y cuidado puede provocar en el hijo una personalidad poco afectiva o desinterés social. Según estas investigaciones, la baja autoestima, la vulnerabilidad al estrés y los problemas en las relaciones sociales están asociados con vínculos poco sólidos. Si las experiencias de vínculo han sido negativas y graves, el ser humano es más propenso a desarrollar trastornos psicopatológicos. Son las interacciones madre-niño las que influyen en el desarrollo socio-emocional y en la conducta actual y futura del menor.

Para sanar esta herida y poder continuar como adultos y no como niños con “cuerpos de adultos” tenemos que conectar con el dolor, la rabia, la culpabilidad, la impotencia, la tristeza y reconocer esta herida, ya que aceptarla implica empezar a sanarla. Si tomamos conciencia de nuestra vulnerabilidad, aunque surjan sentimientos de soledad, vergüenza, carencia y/o rechazo, si expresamos estas emociones y necesidades, podemos empezar a madurar.

También debemos entender que nuestra madre o padre tiene o tenía sus propias heridas de infancia, lo que nos lleva a ser compasivos y aceptarla por completo, más allá de sus errores y limitaciones. Es importante reconocer el bagaje familiar y la transmisión del linaje y comprender que no puede ofrecernos nuestra madre aquello que no tiene, que no le enseñaron o que no sabe cómo hacer. Antes o después, y cuanto antes mejor, llega el momento en el que hemos de perdonar, agradecer y valorar lo que nuestra madre ha hecho por nosotros. Tomar lo que de ella proviene como un legado, el que nos corresponde, el que pudo darnos, los fallos y también sus dones.

Al curar esta herida emocional transformas tu vida más allá de lo que puedas imaginar. Nos sentimos plenos y en calma, nos responsabilizamos de nosotros mismos, nos sentimos merecedores de todo lo bueno y sentimos confianza en nosotros mismos. La herida de la madre es una gran oportunidad para aprender. Cuando no aceptamos, rechazamos lo que ella nos dio, estamos negando y rechazando nuestros orígenes, y eso es negarnos a nosotros mismos, lo cual nos inunda de dolor.

La rabia y el resentimiento pueden darnos una falsa sensación de fortaleza, por la arrogancia de creernos mejores que ella. Pero la realidad es que cuando uno no acepta a su madre no puede amarse ni aceptarse a sí mismo. Aceptarlo todo como fue porque esa fue nuestra experiencia, ese fue el aprendizaje familiar, lo que nos ha hecho ser lo que somos, nuestro legado completo. Honrarla y aceptarla como es nos conduce a la paz y a la reconciliación.

Más allá del dolor de nuestro niño herido también está el dolor de nuestra madre y el dolor que nosotros hemos añadido al rechazarla y juzgarla en ocasiones.

Un hijo sólo puede estar en paz consigo mismo si se encuentra en paz con sus progenitores, lo que significa que los acepta y los reconoce tal como son, algo que nos ayuda a que nuestra alma sienta alivio y nos permita dar paso a nuestra verdadera identidad.

 

Silvia Rodríguez Bautista

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“El arbolito de Navidad” Cuento de Navidad

publicado a la‎(s)‎ 28 dic. 2014 4:11 por Silvia Rodrigez

  Èrase una vez, hace mucho tiempo, una isla en la que había un pueblecito. En ese pueblecito vivía una familia muy pobre. Cuando estaba próxima la Navidad, ellos no sabían cómo celebrarla sin dinero.

  Entonces el padre de la familia empezó a preguntarse cómo podía ganar dinero para pasar la noche de Navidad compartiendo un pavo al horno con su familia, disfrutando de la velada junto al fuego.

  Decidió que ganaría algo de dinero vendiendo árboles de Navidad. Así, al día siguiente se levantó muy temprano y se fue a la montaña a cortar algunos pinos.

  Subió a la montaña, cortó cinco pinos y los cargó en su carroza para venderlos en el mercado. Cuando sólo quedaban dos días para Navidad, todavía nadie le había comprado ninguno de los pinos.
  Finalmente, decidió, que puesto que nadie le iba a comprar los abetos, se los regalaría a aquellas personas más pobres que su familia. La gente se mostró muy agradecida ante el regalo.
  La noche de Navidad, cuando regresó a su casa, el hombre recibió una gran sorpresa. Encima de la mesa había un pavo y al lado un arbolito pequeño. Su esposa le explicó que alguien muy bondadoso había dejado eso en su puerta.
 

 

  Aquella noche el hombre supo que ese regalo tenía que haber sido concedido por la buena obra que él había hecho regalando los abetos que cortó en la montaña.

(Autor desconocido)

Moraleja: "Eres lo que das, en pensamientos, en obras y acciones. Dar es recibir. De lo que más quieras recibir más tienes que dar."

TALLER: "APRENDE A QUERERTE..."

publicado a la‎(s)‎ 22 oct. 2014 1:49 por Silvia Rodrigez   [ actualizado el 22 oct. 2014 2:03 ]


TE INVITO A MI PRÓXIMO TALLER: "APRENDE A QUERERTE..."




"Quererte” implica darte la oportunidad de descubrir tu gran potencial y la grandeza que llevas dentro, respetarte, escuchar tus necesidades, dejar de juzgarte y compararte y ofrecerte la oportunidad de ser auténtic@.

Objetivos: fomentar la aceptación de uno mismo, aprender a tener una percepción de uno mismo más realista y positiva, motivar un cambio de actitud, aumentar la confianza y la seguridad y aceptar los halagos. 

                                         Fecha y Horario: 15 de Noviembre 2014 de 10:00 a 14:00h.                                                                                Lugar: Centre Balmes. Plaça Gal.la Placidia 8-12, 5ª Planta. 08006 Barcelona.                                                                                                               Precio: 25€ 
 
 Puedes inscribirte a través del Telf. 669 50 31 39 o Mail: silvia@tupsicologa.com

¿Naces o te haces?

publicado a la‎(s)‎ 3 feb. 2014 12:18 por Silvia Rodrigez   [ actualizado el 4 feb. 2014 0:49 ]

 ¿Por qué invertimos tanto tiempo en conocer  todo lo externo y no en conocernos a nosotros? Siempre me ha llamado poderosamente la atención esta cuestión. La gran mayoría de las personas con las que me encuentro, durante el camino de mi vida, saben sobre muchas cosas y no saben nada sobre ellas. Les preguntas sobre el Ibex o la prima de riesgo, tan de moda últimamente, y te dan una respuesta, les preguntas sobre su personalidad y responden “lo desconozco” o  creen que la personalidad es  innata e inmodificable, que les implulsa a la acción de forma incontrolable: “Yo soy así”.

 Escribo este artículo motivada por el deseo de que algunas personas puedan comenzar a conocerse, a entender el porqué funcionan en la vida de una determinada manera. Movida por el deseo de que algunos padres, que puedan encontrarse con estas ideas, comprendan la importancia de lo que transmiten y crean con cada mensaje que trasladan a sus hijos. Movida por el deseo de que tengamos más información sobre nosotros mismos que sobre economía, historia o deportes…

¿Quién soy? ¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Qué mueve a mis emociones?

 Esto me lleva a hablar de personalidad. Es un tema para extenderse pero intentaré dar unas claves que inviten a la reflexión. 

 El concepto de personalidad se refiere exclusivamente a los seres humanos. Etiológicamente, personalidad procede del término griego PROSOPON, palabra que designaba a la máscara con la que se cubrían el rostro los actores durante las representaciones teatrales.  Por lo tanto, se refería a la imagen, de uno mismo,  que se ofrecía a los demás. En la actualidad, la definición de personalidad es diferente según las diferentes corrientes psicológicas, pero lo que se comparte en todas ellas es que se trata deun patrón único de pensamientos, sentimientos y conductas, determinados por la herencia y por el ambiente, relativamente estables y duraderos que diferencian a cada persona de las demás y que permiten prever su conducta en determinadas situaciones”.

  Es importante aclarar algunas cuestiones que confundimos. Muchos padres hablan de personalidad como si ésta fuera innata al 100% y ellos no influyeran en ella, otras personas consideran que desde niños ya debemos saber enfrentarnos a la vida y “tenemos que tener personalidad” e incluso critican a los adolescentes “porque no tienen personalidad”, etc. Cuando hablamos de las personas aludimos a diferentes aspectos, de la misma, que aunque guardan bastante relación entre sí, son distintas:

- El Temperamento: es la disposición innata que nos induce a reaccionar de forma particular. Está determinado genéticamente.

- El Carácter: hábitos adquiridos mediante el aprendizaje a lo largo de la vida y modificable.

- La Personalidad: engloba dos aspectos, la herencia genética (temperamento), influenciada por el ambiente (carácter), por lo que puede desarrollarse y cambiar a lo largo de la vida.

 Si nos centramos en la idea de que la personalidad es un aspecto del ser humano que depende, no sólo de la genética sino también del ambiente, podemos comenzar a entender muchas cosas. Es decir,  la herencia genética te predispone a tener ciertos rasgos, sin embargo,  no determina que se manifiesten.  Por ejemplo,  podemos tener predisposición a la extroversión y que este rasgo se manifieste o no. Es aquí donde entran los condicionamientos sociales (pe: mensajes recibidos del entorno familiar, escolar, modelos observados, etc.).

 

  Muchas teorías psicológicas hablan de la influencia del ambiente (mensajes, modelos y experiencias). Freud ya hablaba del EGO como aquella estructura de nuestra personalidad que media entre los deseos y las exigencias del ambiente. La teoría conductista explica que la personalidad es el producto de la historia, de reforzamientos utilizados para cada individuo. Rogers ya consideraba que la diferencia entre una persona sana y una desadaptada se debe a la congruencia entre el yo y la experiencia. Diferentes teorías nos muestran la importancia y la repercusión que tiene en nosotros el ambiente, aquello que vemos y oímos desde que somos niños, aquello que creemos ser porque nos dicen que somos.

 Al nacer, el niño es un individuo desprovisto de todos los atributos sociales tales como el lenguaje, las ideas y los hábitos. No es un ser social y no se ha desarrollado aún su personalidad. La personalidad se desarrolla como producto de la interacción con los factores de su ambiente, se aprende a través de la interacción social. Es a través de ello que se conforman aquellas ideas y creencias que nos hacen percibir el mundo de una determinada manera y, de esta visión depende el tipo de emociones que sentimos.

 Es importante comenzar a distinguir cuáles de nuestras creencias y conductas pueden ser aprendidas y cuáles decidimos elegir como parte de nuestro ser. De lo contrario, nos moveremos como autómatas en la vida, en función de lo aprendido.

 Por esta razón, me gustaría trasladar varios mensajes:

 - Si eres o vas a ser padre: este es tu reto, así como un escultor debe dar forma y modelar una escultura, trata de esculpir a tu hijo sin juzgar su material, este material puede ser mejor o peor para ti, pero sólo tú puedes ayudarle a creer que puede brillar. Tu trabajo irremediablemente inculcará creencias, intenta que éstas potencien una personalidad sana y procura no mermarla. Nosotros no decidimos cómo debe ser nuestro hijo, nosotros sólo somos un medio para permitirles y enseñarles a ser ellos mismos.

 - Si eres hijo: este es tu reto, tienes  la tarea por delante de esculpirte a ti mismo, para permitirte brillar, dejar atrás lo que creíste ser para construirte a ti mismo tal y como tú sabes que necesitas ser.

 

Silvia Rodríguez Bautista

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"Las huellas doradas" Cuento de Navidad

publicado a la‎(s)‎ 23 dic. 2013 23:27 por Silvia Rodrigez

 

  Se acercaban las fiestas de fin de año.  Épocas de balance de introspección.  Tiempos donde mirar atrás es lo cotidiano y no lo ocasional.

  Martín lo sabía, lo respiraba, lo sentía.  Durante los últimos veinte años, antes de Navidad se preguntaba si había valido la pena.  Él había vivido gran parte de su vida con intensidad y gozo, su intuición lo había guiado cuando su inteligencia fallaba en mostrarle el mejor camino.  Casi todo el tiempo se había sentido en paz y feliz.  Y, sin embargo, cada fin de año ensombrecía su ánimo aquella sensación de haber dedicado demasiadas horas al día a sí mismo. (…) No obstante, Martín hacía todo lo posible por no dañar a los demás, especialmente a aquellos que estaban más cerca, a quienes ubicaba en el mundo de sus  afectos. (…)

  Veía a la gente hablando sobre las fiestas, a sus amigos y familia consultándose dónde las pasarían, a quién invitarían, con quién tendría deseos de encontrarse.  Y, por alguna razón, él no se sentía incluido, no se juzgaba merecedor, no era como ellos.  Todos parecían tan preocupados por los demás…

  Tenía que tomarse un tiempo para reflexionar sobre su presente y sobre su futuro.  Martín puso unas pocas cosas en su mochila y partió en dirección al monte. (….)

- Por una moneda te alquilo el catalejo.

  Era la voz de un viejo que apareció desde la nada con un pequeño telescopio plegable entre sus manos y que ahora se lo ofrecía con una mano, mientras con la otra, tendida hacia arriba, reclamaba su moneda.

  Martín encontró en su bolsillo la moneda buscada y se la alcanzó al viejo, que desplegó el catalejo y se lo dio.  Después de mirar durante un rato consiguió ubicar su barrio, la plaza y hasta la escuela frente a ella.

  Algo le llamó la atención. Un punto dorado brillaba intensamente en el patio del antiguo edificio.  Martín separó sus ojos de la lente, parpadeó varias veces y volvió a mirar.  El punto dorado seguía allí.

- ¡Qué raro! – exclamó Martín sin darse cuenta de que hablaba en voz alta.

- ¿Qué es lo raro? – preguntó el viejo.

- El punto brillante – contestó -.  Ahí, en el patio de la escuela.  Es demasiado temprano para armar el árbol de Navidad.

  Martín tendió el telescopio al viejo para que viera lo que él veía.

- Son huellas – dijo el anciano.

- ¿Qué huellas? – preguntó Martín.
- Tuyas – dijo el anciano -. ¿Te acuerdas de aquel día…? Debías de tener siete años. Tu amigo de la infancia, Antonio, lloraba desconsolado en el patio de la escuela. Su madre le había dado unas monedas para comprar un lápiz para el primer día de clase. ¿Recuerdas? Él había perdido el dinero y lloraba a mares

  Martín buscó infructuosamente en su memoria. El viejo, después de una pausa, siguió

 
- ¿Te acuerdas de lo que hiciste? Tú tenías un lápiz nuevo que ibas a estrenar aquel día.  Pero te acercaste al portón de entrada y, cerrando la puerta sobre el trozo de madera, cortaste el lápiz en dos partes iguales.  Luego le sacaste punta a la mitad cortada y le diste el medio lápiz nuevo a Antonio.

- No me acordaba – dijo Martín-.  Pero eso, ¿qué tiene que ver con el punto brillante?

- Antonio nunca olvidó aquel gesto, y ese recuerdo se volvió importante en su vida.

- ¿Y?

- Hay acciones en la vida de uno que dejan huellas en la vida de otros – explicó el viejo – Las acciones que contribuyen a la felicidad de los demás quedan marcadas como huellas doradas…

  Martín volvió a mirar por el telescopio y vio otro punto brillante en la acera, a la salida del colegio.

- Ése fue el día que saliste a defender a Pancho, ¿te acuerdas? Volviste a casa con un ojo morado y un bolsillo del guardapolvo arrancado -.

- Ese que está ahí, en el centro – siguió el viejo – es el trabajo que le conseguiste a don Pedro cuando lo despidieron de la fábrica… Y el otro, el de la derecha, es la huella de aquella vez que reuniste el dinero que hacía falta para la operación del hijo de Ramírez. Las huellas que salen a la izquierda son de cuando interrumpiste tu viaje porque la madre de tu amigo Juan había muerto y querías estar con él

  Martín apartó la vista del telescopio y, sin necesidad de él, empezó a ver como aparecían miles de puntos dorados desparramados por toda la ciudad. Al terminar de ocultarse el sol, el pueblo parecía iluminado por huellas doradas, que parecían muchas más porque las lágrimas que caían de sus ojos multiplicaban hasta el infinito las luces del pueblo.

  Martín dio las gracias al viejo y volvió al pueblo.  Este año, la fiesta iba a ser en su casa. Había muchos amigos a quienes quería volver a ver.  Sobre todo, a aquellos que habían dejado huella en su vida.
(Jorge Bucay)

Silvia Rodríguez Bautista

Nº Colegiada: 18820

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Conectar talento y rendimiento

publicado a la‎(s)‎ 8 oct. 2013 0:43 por Silvia Rodrigez   [ actualizado el 10 oct. 2013 1:22 por Manuel Barzi ]

 Para lograr el éxito deportivo no es suficiente con un buen entrenamiento físico, técnico y táctico, también es fundamental una óptima preparación mental. Coaching es un anglicismo que proviene del verbo to coach, “entrenar”. El coaching es un método en el que se dirige, instruye y entrena a una persona para que ésta consiga el máximo desarrollo personal y profesional. A través de una profunda transformación se pueden obtener los mejores resultados, todo ello a través del compromiso, la responsabilidad, el cambio de perspectiva y una relación interactiva.
 
 El coach promueve el entrenamiento mental lo que repercute en cambios, a nivel emocional y conductual, favorece a la acción y búsqueda del logro.
 
 En el caso del deportista de elite esto adquiere mayor importancia, su práctica profesional está sometida a un reto duro, constante y a la consecución de resultados. Por esta razón, se trabaja para conseguir el desarrollo de alto rendimiento: espíritu de lucha, perseverancia, resistencia al dolor y el fracaso, disciplina, autoconfianza, mantener la motivación, compromiso, mejorar la concentración y gestionar las emociones.
 

 

 
 

 El coach ayuda al deportista profesional a conocer su mente, sus emociones y a analizar cómo sus acciones pueden influir en el resultado. Le ayuda a tomar conciencia de las barreras internas y externas que le sabotean, en determinados momentos, y le ofrece herramientas para superarlas. Le guía para reconocer sus cualidades y áreas de mejora para progresar. Busca el equilibrio utilizando herramientas, técnicas y métodos que favorecen el funcionamiento armónico de los procesos, corrigen desequilibrios y mejoran el rendimiento general, generando confianza y seguridad.

Publicado en MARCA el 8/10/2013

Silvia Rodríguez Bautista

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Mi esposo salió del closet, me dejó por un hombre.

publicado a la‎(s)‎ 4 oct. 2013 9:26 por Manuel Barzi

 Cada vez conocemos más casos en los que alguna conocida nos cuenta que su relación de pareja ha finalizado porque su marido ha hecho pública su homosexualidad. Se estima que entre un 15-20% de los hombres homosexuales residentes en EEUU se casan con una mujer heterosexual y unos 4 millones de mujeres están o han estado casadas con un hombre homosexual.
 
 Existen muchos hombres homosexuales que, por desconocimiento, miedo a reconocerlo, o por esconder su condición sexual, decidieron casarse con una mujer heterosexual, pero cuando quieren desmontar la situación ¿qué sucede?

 La situación es muy difícil para todas las partes implicadas. Si existen hijos, éstos tienen un importante desafío que superar. El hombre sentirá conflictos emocionales intensos. La mujer sufrirá una carga emocional importante (vergüenza, culpa, repulsión, responsabilidad, traición, etc.). En general, todos pasarán por una situación dolorosa y se sentirán de manera similar.

 En el caso de la mujer, la situación es dura porque siente que se ha traicionado su confianza, al vivir en una mentira durante todo ese tiempo, y además siente culpa por no haberse dado cuenta de la verdadera condición sexual de su compañero sentimental. A la mujer le resulta más dolorosa la ruptura por otro hombre que por otra mujer porque conlleva una doble “traición”. Además, siente impotencia porque sabe que por mucho que intente salvar la relación, es imposible.

 El hombre sufre no sólo por llevar casi toda una vida ocultando su preferencia sexual, además, por la culpa de tener que hacer pública su mentira y traicionar a su mujer e hijos. Llevar una doble vida es ya de por sí desgastante para una persona que intenta guardar las apariencias de una relación "normal" con muchas razones de antemano. Como, por ejemplo, el no ser rechazado socialmente, el hecho de ir contra sus propios principios de acuerdo a la construcción social y de vida que ha hecho a lo largo de ella. Por lo que no podemos juzgar estos actos que, de alguna manera, son humanos.

 Quien vive este tipo de situaciones seguramente sabrá que puede ser una situación dolorosa, incluso hasta vergonzosa. Sin embargo, lo más importante es recordar que las personas hablando se entienden, es decir, que de alguna manera el hecho de expresar lo que piensan, sienten y creen firmemente les ayudará a salir adelante de una manera civilizada. Deben entender que es un paso muy importante tanto para el que lo acepta como para el que recibe la noticia. Es una experiencia, en principio, devastadora para todas las partes pero se puede sobrellevar como un proceso de transformación constructivo.

                      ¿Cómo averiguar lo que sucede?

Cuando esto se produce siempre nos hacemos o hacemos las siguientes preguntas ¿Cómo no me di cuenta? ¿Nunca sospechaste?...

 

 Las mujeres que se han visto envueltas en estas circunstancias confiesan que identificaron comportamientos poco usuales incluso antes del matrimonio, pero lo ignoraron. Recuerdan que sus maridos tenían una doble vida, existía un amigo íntimo con quien compartían regularmente incluso los eventos familiares, o estaba muy volcado en su trabajo, tenían excusas para no mantener relaciones sexuales, etc.

 Tenemos que estar atentos a comportamientos habituales que son claros indicadores de la homosexualidad del marido y no negarlos. Aparte de una serie de comportamientos en el ámbito de las relaciones sexuales, cuando las hay; también pueden producirse detalles como el hecho de borrar su historial en el ordenador con regularidad, el encontrar pop-ups de pornografía gay, o el sentirse especialmente halagado por piropos provenientes de otros hombres homosexuales. Evidentemente, la única manera de averiguar si tu pareja es homosexual es preguntando y obteniendo una respuesta honesta.

 Si tienes dudas de que tu marido pueda estar “en el closet”, te aconsejo tener una conversación sincera y sin reproches que lo anime a expresar sus sentimientos. No lo tomes de forma personal, ni te sientas destruida. ¡Nunca es tarde para rehacer tu vida! Es más importante asumir la realidad que tratar de ocultarla por ambas partes. A veces tratamos de negar la realidad por miedo a sentir el dolor de aceptarlo, pero a la larga el dolor será mayor.

Empezar de nuevo

Es importante cerrar este capítulo de tu vida de la mejor manera posible, sin resentimientos y sin culpas. Trata de recomponerte cuanto antes y piensa que tu nueva vida puede traerte nuevas oportunidades, muy valiosas. Evita no proyectar tu resentimiento en otros hombres, porque ellos no son culpables y no todos actúan de la misma forma. Enfoca tus pensamientos en el perdón, la compasión, el amor y la aceptación. Apóyate en tus amigos y familiares. En futuras relaciones no ignores la realidad. Si necesitas ayuda consulta a un profesional.

 

Silvia Rodríguez Bautista

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¿Por qué sufrir?

publicado a la‎(s)‎ 4 sept. 2013 0:57 por Silvia Rodrigez

  Si observas cualquier conversación a nuestro alrededor o la que nosotros estemos teniendo en algún momento, te darás cuenta de que siempre gira en torno al sufrimiento, a las desgracias que nos suceden, a que la vida no es como queremos que sea y un largo etc. de cosas negativas. Sufrimos inútilmente más el 95% de las ocasiones. En la mayoría de los casos, una vez superada la situación o el problema, podemos reconocer que no era necesario tanto sufrimiento. Por lo tanto,  ¿ciertamente es necesario tanto sufrimiento? ¿Sirve para algo? ¿Por qué sufrimos?...

  En la mayoría de las ocasiones, consideramos que la situación es la que provoca el malestar o creemos que sentir cierta emoción es inmodificable. En realidad, no son los acontecimientos ni las emociones las que ocasionan nuestro sufrimiento, sino más bien lo que pensamos sobre ello y lo que hacemos con ello. Lo verdaderamente importante es el pensamiento, ya que es previo a la emoción y responsable de ella.

  La forma de interpretar la vida y los pensamientos proceden de creencias que hemos aprendido a lo largo de la vida y que,  en muchos casos,  son irracionales. Si nuestra forma de ver la vida no es racional o equilibrada, nuestras emociones tampoco lo serán. Nuestra cultura y educación parece que están más enfocadas en ofrecernos una visión negativa de la vida, lo cual nos conduce a sufrir.

  Por ejemplo, si aprendí que las dificultades son una desgracia (creencia irracional), en el momento que algo me suponga un esfuerzo (acontecimiento) pensaré que es una desgracia (pensamiento negativo) y mi emoción será la frustración (emoción negativa). Si, por el contrario, aprendí que las dificultades son oportunidades para aprender y que superarlas me refuerzan (creencia racional), cuando tenga alguna dificultad trataré de superarla y la emoción que me acompañará será la motivación (emoción positiva). A las creencias irracionales les acompañan emociones negativas y a las creencias racionales, emociones positivas. Si estás sufriendo más de la cuenta, ponte a analizar tus creencias cuanto antes…

  Durante nuestra infancia no nos enseñan a gestionar las emociones y enfocarnos en las emociones positivas. Normalmente, nos enseñan a defendernos y a huir, pero nadie nos entrena para la auto observación. Aprendemos que todo nuestro ser y sentir depende del exterior. Esta es la razón por la que afirmamos que  “es él el que me provoca malestar”, “la situación me frustra”, “todo lo que me sucede es lo peor”, etc.  En realidad, todas nuestras emociones dependen de nuestra forma de interpretar esto. Nadie puede entrar en nuestra mente para ordenarnos qué pensar. Sólo nosotros elegimos nuestros pensamientos y nuestras emociones dependen de ello, no del resto de la gente ni de la vida.  Si consiguiéramos identificar y cambiar estas creencias podríamos, incluso, sentirnos bien aunque la realidad fuera difícil.

  Ahora bien, existe un sufrimiento positivo. Es aquel que te hace reaccionar pronto y facilita que, sin hundirte, aprendas de la situación vivida e incorpores un nuevo recurso al repertorio de tus conductas. Es cierto de existen emociones como, por ejemplo, el dolor que en determinadas circunstancias es lógico sentirlo, pero cuando este dolor es desproporcionado, es decir, lo exageramos, entonces es cuando aparece el dolor innecesario. En el caso de una ruptura, el dolor de la pérdida es algo natural, pero si después de 1 año continuamos sufriendo, esto es algo innecesario, es opcional y significa que elegimos sufrir. Por tanto, afirmamos que el dolor es natural y el sufrimiento es opcional.

  Entonces, ¿por qué sufrir? No existe ninguna razón de peso ni objetiva que pueda justificar el sufrimiento innecesario. Lo único que lo explica es que lo has aprendido, así pues, para cambiarlo sólo tenemos que sustituirlo por creencias positivas.

 

Para que nuestro sufrimiento sea positivo:

 

  Acepta lo inevitable. Deja de complicarte la vida. No creas que estás en posesión de la verdad, cuestiona tus pensamientos. Empieza a confiar en ti y deja de creer que la solución está en los demás. No permitas que los “otros” sean los dueños de tu vida y emociones. No arregles las cosas con cambios drásticos. No vivas las contrariedades como tragedias. No te dejes contagiar por el pesimismo, etc.

 

  Tener los recursos suficientes para analizar nuestra vida y a nosotros mismos, centrarnos más en nosotros que en el exterior y conocer nuestras creencias  y emociones. En definitiva, asumir el control de nosotros mismos y cultivando la inteligencia emocional asumiendo que cada instante tiene un sentido es la clave para dejar de sufrir.
 

Silvia Rodríguez Bautista

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